En medio de los crecientes retos ecológicos globales y la variabilidad climática en las alturas andinas, una esperanzadora revolución verde está siendo liderada por comunidades campesinas y colectivos ambientalistas de la región de Cusco: la siembra intensiva de bosques de queuñas (Polylepis). Este árbol nativo y sagrado es de una resistencia admirable, capaz de prosperar en altitudes extremas donde ninguna otra especie arbórea podría sobrevivir.
El árbol esponja y el ciclo del agua en las alturas

La importancia ecológica de la queuña radica en su función biológica superior. Gracias a sus múltiples capas de corteza papiracea y la estructura de su follaje, estos bosques actúan como auténticas esponjas naturales de montaña: atrapan la neblina invernal, retienen las precipitaciones y liberan el agua lentamente por filtración subterránea. Esta recarga constante de manantiales y riachuelos asegura el abastecimiento hídrico directo tanto para los cultivos de las comunidades altoandinas como para la población de la ciudad imperial.
El Ayni ambiental comunitario en las cabeceras de cuenca

Cada año, iniciativas como el conocido Queuñaraymi convocan a miles de comuneros, jóvenes voluntarios universitarios y vecinos para ascender a las cabeceras de cuenca a plantar miles de nuevos plantones. Estas agotadoras pero festivas jornadas de reforestación representan una actualización moderna y vital del Ayni andino (trabajo recíproco), donde los ciudadanos devuelven a la Pachamama el agua y la vida a través de la acción comunitaria colectiva.
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